♦ Jotaele Andrade

“La poesía es atrapar el agua en un puño, escamotearle a la realidad la contundencia incesante de desgastarnos.”



Jotaele Andrade. La Plata, 1974.
Ha publicado: El salto de los antílopes, 2012 (editorial El mono armado); El oleaje del mundo, 2013 (editorial Azul); Elefantes con anteojos (selección), 2013 (Edición de bolsillo, editorial Morosophos); Elefantes con anteojos,2013 (Cartonerita Niña Bonita, España); La mano del verdugo, 2014 (Ediciones de La eterna); Los metales terrestres, 2014 (editorial Añosluz).
Ha coordinado talleres literarios y distintos ciclos poéticos. Desde 2013 coordina el Festival Internacional y Acampada poética de la ciudad de Azul.
Bebe.



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Hay una pregunta que realizo siempre, por la complejidad y la variedad de respuestas. ¿Escribir para qué?
No lo sé, quizás cuando tenga que justificar por qué insisto con la poesía es entonces cuando deba proceder a una retirada ignominiosa. En lo que respecta a mí no quisiera saber para qué escribo. No me interesa develar el misterio sino entrever las figuras que hacen esos velos, ahí hay músicas, bailes, mundos que me llegan a través de interpretaciones sensibles o alucinadas ¿Para qué saber el para qué? La rosa es sin por qué dijo el poeta y yo me aferro a esa noción aún con los poetas llamados panfletarios.


¿Qué elemen­tos podrían determinar, en su poética, las no­ciones de ausencia y presen­cia? ¿De qué forma lo relacionaría con el acto de escribir?
Notando que ausencia y presencia conllevan cierto parentesco, digamos una complementariedad y que, tal vez, sólo tal vez, para que haya una ausencia algo debió haber estado o sucedido, podría significar que prefiero el oleaje, eso que está y no está, para situarlo dentro de una determinación poética propia, sin dejar de lado que, al decir esto último, no sienta cierta incomodidad o rubor. Aún así hay frases e imágenes a las que vuelvo como hacia una sed primordial: la brasa, la arena, el puño: todo eso estuvo antes en otro estadio, fue madera, piedra, mano. Si puedo decir la piedra sin que pese en la boca cada vez que escribo entonces, de algún modo, digo la ausencia de la piedra y la presencia. Doy la noción de esa piedra (y no de otra) en contraposición de su ausencia. Aunque la piedra no esté, se sabe que en todas las palabras no está la poesía así como tampoco está la liebre en la palabra liebre. Pero el poeta debe tener más nociones del perro que podrá perseguir a esa liebre que de la liebre misma.

Y la poesía es (o pretende serlo), para mí, atrapar el agua en un puño, escamotearle a la realidad la contundencia incesante de desgastarnos.


¿Recuerda su primera vez escribiendo?
Me recuerdo cantando, me recuerdo atravesado por la luz del sol la primera vez que vi la luz y la comba del día. Me recuerdo trepado a los árboles, aterrado y fascinado por la primera vez que fue la noche para mí, lejos de casa. La lengua del sapo bajo la farola nocturna donde revoloteaban cientos de insectos, la pólvora, que quién sabe cómo llegó a las manos de ese niño que era, grajeas negras que combustionaban de pronto. Todo eso es, de algún modo, recordarme escribiendo en el futuro. Todo está ahí y acá, hoy.


Entre las tantas posturas del poeta frente a su escritura, hay dos extremos: el paisajista y el autobiógrafo. ¿En qué medida considerás que cada una de estas inclinaciones artifician al poema?
Toda autobiografía supone un artificio, una reconstrucción de sucesos. Fuera de ella está la experiencia de ser, el devenir y éste sucede dentro de un espacio temporal, en la complejidad de un individuo.
El poeta no se enfrenta a sí mismo con su escritura, es su escritura, allí torsionan los matices, se inclina el lenguaje por el lirismo confidencial, por el lirismo abstracto, el paisajístico. De todos modos un hecho cotidiano llevado fuera de esa cotidianeidad es un paisaje, una pintura. A veces, quizás generalmente, se dice como se puede. Saer dijo que “Cada uno crea /de las astillas que recibe/ la lengua a su manera” Entonces uno crea esa lengua para decir los fragmentos del mundo, desde su centímetro, de un modo u otro, descarnado o pasional, conciso o decantado, lúcido o caótico no hay poeta que se ubique en un extremo, hay posturas estéticas a priori, y pericias por donde un poema puede ser resuelto en su inaugurar una idea, un paisaje, una anécdota.


Usted ha escrito: no quiero darte al mundo/ no quiero verte feliz entre la muerte y el horror humano/ aquí no hay nada para nadie/ aquí todo se extingue.
¿Ha hablado del mundo conocido, terrenal; o el mundo conformado por la escritura? ¿Cómo es que pueden converger ambos?
No son versos felices, se nota. Es parte de un poema que a su vez es parte de la trilogía de “la niña nonata” cada poema es un estado de ánimo ante la posibilidad de esa niña. Esos versos han sido extraídos del primero cuya ambigüedad es notoria y que puede resumirse en: el mundo es horrible pero si quieres llegarte a él está bien. El segundo ya tiene otro tono, la voz poética dice no quiero que vengas, decide, amenaza “todo el amor que puedo darte cabe en estas manos que también saben matar” y el tercero declina esa venida como cierta fatalidad “te crecen lentas las ramas de un día que no llega”,  previamente había dicho: “contra los pronósticos la luz es buena/ y se aman hombres y mujeres/ todavía (…) y permanecen las hélices y las bicicletas/ las edades sucesivas de la madera// también el hambre y otros desprestigios del mundo” Creo que la separación mundo humano y mundo total donde el hombre es parte integrante se da por la capacidad horrorosa que tenemos de volverlo inhabitable. Ambos suceden en un mismo planeta, este granito de arena que gira en el espacio, ese es hermoso, donde, al decir de Bayley, “es infinita su riqueza abandonada”, el otro es un entramado de luces y sombras y éstas últimas están prevaleciendo. Convergen, vivimos aquí, aquí es nuestra realidad. Quizás la poesía tiene los canales de esa convergencia.


¿Podría calificar el estado actual de la literatura?
No, no podría hacerlo en cuanto sea un orden establecido en lo contemporáneo. Leo a los clásicos, los releo. Para mí esa es la literatura actual.


¿Qué recomendaría a los jóvenes que se están interesando en Crear lenguaje?
Fuera de mí está en tener esas pretensiones. En el lenguaje no hay nada y todo está en el lenguaje, menos el hombre y el mundo. Ahí se debate la visión poética.



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Libros favoritos: No tengo
Películas favoritas: No tengo

Fotógrafos favoritos (si los hubiera): No los recuerdo